Atascos en la oscuridad
Te has olvidado las llaves puestas, puede entrar quien
le dé la gana a tu corazón solo con un pequeño giro
de muñeca. Hoy es el día en el que llueven estrellas,
de perdernos mientras florecen caricias en otro
planeta, mientras aquí solo florece el infinito. Al despertar
no habrá nada, tú en la cama, dejando entrar
la niebla de invierno por la ventana, yo huyendo por
las calles estrechas, y el ruido infernal de los coches
en los atascos a primera hora de la mañana.
Eras una nube pasajera que se deshacía entre los dedos
al tocarla, la pompa de jabón que sobrevuela el
calor de la ducha, el silencio enigmático del frio en
soledad. El desierto de felicidad en un momento desesperado.
Y siendo todo, y sin saber ser nada, es todo lo que
fuimos, siendo poco a poco, cuando puedes notar
cómo te vas alejando de todo lo que eras, desde el
fondo del mar hasta el último beso oculto en la tiniebla
de los portales. Todo con el movimiento enérgico,
preciso y constante de las últimas caricias en la
oscuridad.

David Galán – Redry

De mi libro «Abrázame los monstruos».

Foto: @camillegphoto