Voy a decir a mis monstruos que me den su abrazo más triste esta madrugada,

Abrazar, por ejemplo, muy fuerte la almohada

y soñar esta madrugada que no te tengo lejos.

Se me nota el pánico en los ojos al saber que ya te estás marchando

y no he llegado hasta a ti.

Qué miedo desconocer el crepúsculo que nos unía en una cama,

qué miedo resolver el problema que nos separa en la distancia.

Qué miedo tú, silencio, qué angustia yo, en amar unos ojos en la oscuridad,

y unos dedos fríos que desaparecen de mi vera en los paseos por mi vida

para convertirse en las pelusas que se almacenan en mis bolsillos.

 

Ella me quiso, te lo aseguro, ella me quiso, a su modo, con su corazón frio,

pero me quiso.

Yo la quise, a su corazón frío, yo la quise, ese invierno que nunca llegó a verano,

pero la quiero.

 

Sin ti la vida sabe peor.

El aire asfixia.

Las pulsaciones desvelan.

El beso se extingue.

La calle repele.

El miedo engulle.

La calma es tormenta.

El pánico atraviesa.

La gente innecesaria.

El amor utopía.

 

La noche, la noche sin tu pelo en mi cara es eterna.

Si no te huelo la vida no me sabe a nada.

Mi corazón, palacio de cristal, museo donde todas las personas

que entran rompen todo lo que tocan.

Sigo teniendo la mala costumbre de pensar en ti cuando hablo de amor.

Mi miedo se ha descompuesto en todos los fenómenos meteorológicos,

no sé ordenarme.

No todo se olvida, pero no me importaría olvidarte, quizá ya te haya olvidado.

Porque en noches como esta sólo sé latir marcha atrás,

Porque en noches como esta latir por ti es una cuenta atrás.

Formas el reloj de arena que acaba con los recuerdos que caen

grano a grano desde mi cerebro a mi corazón.

Aunque abrazarme a la madrugada sea lo último que me quede,

y el abrazo de mis monstruos, en invierno, sea lo último que me dedico.

David Galán – Redry

De mi próximo libro «Todos los vuelos que perdí por ti».

Foto @manu_galan